Por qué los arquitectos nos salimos de las rutas turísticas?

​Para los arquitectos, viajar hace parte de nuestro proceso formativo, siempre vamos recorriendo los lugares que visitamos buscando esas obras que nos llaman la atención, relacionándonos con sus espacios y aprendiendo de lo que percibimos y observamos.

A veces –muchas veces- nos desviamos de las rutas turísticas en busca de un edificio que nos interesa o de la obra de algún arquitecto en particular.

Para nosotros la Arquitectura es una manera de ver el mundo.

Nosotros en la Capilla de Ronchamp

Hoy les contaré la historia de cuando fuimos a visitar uno de los iconos más representativos de la arquitectura moderna, una capilla ubicada en un pequeño pueblo del oeste de Francia llamado Ronchamp.

Y es qué quién cuándo estudió en la universidad, no soñó con conocerla? Yo supongo que muchos, pero al igual que yo, seguro pensaban que era un lugar lejano!!!

​Pues en el 2008, tuvimos la fortuna de planear un viaje a Francia, así que sin mayor duda, decidimos trazar una ruta para conocer varias obras del arquitecto: Le Corbusier, autor de la capilla en mención

Estábamos en París y nuestro tren hacia la ciudad de enlace, salía a las 7:00 de la mañana, era semana santa y aún se demoraba un poco en salir el sol, y aunque esas madrugadas suelen ser más difíciles, un gran día nos esperaba y eso hacía que valiera la pena.

Nos levantamos a las 6:00, nos arreglamos y fuimos caminando hasta la estación, nos ubicamos en la vía asignada y a las 7:00 en punto partió nuestro tren que después de 3 horas y media nos dejaba en “Vesoul”. Ahí  debimos esperar 2 horas más para tomar otro tren que en 30 minutos nos llevaría a “Ronchamp”.

Luego de esas 2 horas y de un desayuno en un pintoresco pueblo sin turismo, abordamos un pequeño tren compuesto de un solo vagón. Yo iba muy emocionada y no dejaba de mirar el reloj, ya quería llegar y ver aunque sea desde lo lejos aquello que buscaba. El tiempo pasaba y no parecíamos acercarnos a civilización alguna, todo era inhóspito  y no se veía ningún pueblo a la vista.

Sin embargo, después de cumplida la media hora, de repente el tren se detuvo en medio de la nada y abrió sus puertas: un desolado paisaje se mostró ante nuestros ojos y casi por inercia y sin mucha seguridad nos bajamos. No sabíamos  si estábamos en el lugar indicado, pero tampoco tuvimos tiempo de pensarlo, pues las puertas del tren se cerraron y partió!!

Dónde estábamos?

Una chica oriental se había bajado con nosotros, así que eso nos daba algo de confianza, pues algo que si aprendimos en ese viaje es que definitivamente a los orientales les encanta Le Corbusier, pues sus obras siempre estaban llenas de gente que venía de este lugar del planeta.

Sin embargo nosotros – y supongo que ella tampoco – no sabíamos si aquella estación fantasma era o no Ronchamp.

Poco a poco fuimos adaptando nuestros ojos al lugar y al final se vislumbró un pequeño letrero que decía: RONCHAMP.

Que conste que si era pequeño!!!

Ya más relajados los tres – nosotros dos y la oriental – comenzamos a caminar sin rumbo hacia adelante, hacia lo que para todos era desconocido.

Al salir a la carretera, se podía ver al fondo un pueblo, pero… no se veía gente, así que todo este ambiente le agregaba algo de misterio a la experiencia y la expectativa aumentaba cada segundo.

Después de caminar un rato, nos encontramos a un lugareño – de los 4 que habremos visto – y le preguntamos cómo llegar a la capilla. Seguimos sus indicaciones y comenzamos a subir la cuesta hacia lo alto de una colina.

Nosotros llevábamos nuestras mochilas de viaje encima, por lo tanto nuestro paso era lento, y esto nos obligo a tener que hacer un par de paradas en el camino y así observar la capilla desde lejos…

Yo flipaba y me parecía mentira estar ahí tan cerca, no podía creerlo. De paso en esos instantes comenzó a nevar!! Y pues yo, en medio de mi inocencia tropical – pues nunca había visto nevar – me puse más feliz todavía!!! Claro, con un frío el berraco, pero FELIZ al fin y al cabo!!!

Nuestra compañera japonesa – que ni siquiera nos hablaba –  iba sin equipaje y por lo tanto lograba ir más adelante, sin embargo de vez en cuando paraba y se hacía la que tomaba una foto hacía atrás, pero la verdad yo creo que era para ver con su lente si nosotros seguíamos ahí y saber que no estaba sola en medio del camino de un bosque nubloso!!

En medio de la felicidad

Después de 40 minutos caminado y con 7 kilos en la espalda, llegamos a la tan anhelada obra. Dejamos las maletas en la entrada y ahora si más ligeros nos dispusimos a recorrer la Capilla y sus alrededores.

Hicimos todo el ritual de acercamiento y la contemplamos primero desde el exterior y luego desde adentro.Vimos por fuera su altar diseñado para dar misa al aire libre, observamos los campanarios, su particular cubierta y sus lucernarios que le agregan misticismo a la manera en como se ilumina el lugar.

Me senté un rato en una banca simplemente a contemplar este hermoso espacio, a sentir la inmensidad del silencio en un lugar recóndito creado por el hombre, con la sensibilidad para hacerte sentir infinito.

Al terminar nuestra visita nos refugiamos de la nieve en un albergue, nos tomamos un chocolate caliente y cuando escampó, bajamos al pueblo para buscar algo de comer.

Era un día entre semana, pero parecía festivo, pues no se veía ni un alma deambulando las calles y todo estaba cerrado. Afortunadamente encontramos una desadaptada crepería que estaba abierta y aprovechamos para almorzar – cenar antes de volver a la estación.

A las 6:15 de la noche, salía nuestro tren a “Belfort” donde después tomaríamos otro con destino a Lyon, con una duración de 3 horas y media.

Llegamos a “Belfort” a las 6:40 p.m y como solo contábamos con 7 minutos para hacer conexión, muy rápidamente nos instalamos en el anden a esperar nuestro próximo tren, era un alivio ya estar ahí, solo nos quedaba abordar, llegar a lyon y descansar después de este maravilloso día.

Qué podría salir mal?

Hacía muuuucho frío, así que menos mal el tiempo de espera no era mucho…

Pero se nos olvidaba un pequeño detalle… qué estábamos en Francia!!!

Y no sé si es impresión mía o que?! pero casualmente las veces que he ido –sin excepción- he tenido inconvenientes con los trenes, siempre hay huelga, o hay paro o lo que se les ocurra para no funcionar.

Y pues bueno, esta vez fue igual.

Primero anunciaron un retraso de 15 minutos –que frio-.

Después un retraso de media hora más – hacía más frío –.

Y a los 30 minutos anunciaron de nuevo un retrazo ahora de 45 minutos – que frío tan hijue…¢%#@&… –

Para cubrirnos un poco decidimos entrar al hall de la estación, el cual no era muy grande, pero seguro que por lo menos estaríamos más protegidos que en la intemperie.

Una vez ya ahí instaladados y resignados a esperar otros 45 minutos, anunciaron un retraso INDEFINIDO!!!!!

Queeeeeeeee???

No lo podíamos creer… ya nisiquiera alcanzaríamos a tomar el metro cuando llegaramos a Lyon!!!

Al poco rato encendieron unas estufas, unos cilindros con resistencia que proporcionaban calor y al cual, como vil atrapamoscas yo fui a dar.

Ya les había dicho que hacía frío?

Por fin a las 10:30 p.m nos hicieron abordar un tren. Por ratos dormíamos, por ratos leíamos, y por ratos nos calentababos el uno al otro.

Media hora antes de llegar nos repartieron a cada pasajero una caja con comida y una nota pidiendo disculpas por el impase.

A las 2 de la mañana llegamos a Lyon e inmediatamente nos hicieron salir de la estación, así que sin más remedio nos tocó tomar un taxi que nos llevara a nuestro destino final.

El día no terminó como esparabamos, pero esta cosas suelen suceder cuando se viaja, siempre hay lugar para lo inesperado.

En conclusión, no importa lo que pase:

Viajar vale la pena,
Salirse de la ruta vale la pena y
Ver buena arquitectura… vale la pena!!!

Simplemente hermosa!!! No les parece?

Comparte

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Or

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*